Un muchacho en la acera
Un muerto en la siguiente
Rasgos fríos
Gente en transversal, colectividad de no habidos
Una niña de vestido rosa lloraba al voltear una ventana
Instintos absurdos y labios rojos cuarteados y cansados de besar labios al cobrar
Dos pasos al borde del Río y tres hombres habían acribillado a una anciana frente a un puente.
Aquella anciana era yo, o talvéz jamás lo fui, o ni siquiera fue una anciana, como no lo fue el muchacho en la acera, ni el muerto en la siguiente, ni la gente, ni la niña de rosa.
Tan solo son mis espacios de fenecimiento al pasar el tiempo.
-Una almohada húmeda por llanto ajeno...
mis ojos te gritan ayuda, este peso el alma me llevará a nunca existir